Al parecer "música gratis" es la mejor manera de explicar el estado de la industria discográfica mundial. Sin menospreciar los maravillosos servicios de compra de música como iTunes o de "streaming" como Spotify, nada se compara con la posibilidad de adquirir música gratis.
Imagínense a un chico de 12 años que comienza a descubrir su personalidad musical y comienza a tener la necesidad de adquirir música. Este niño no produce dinero y probablemente solo recibe alguna mesada para poder comprar comida en el colegio. Aún así, si desea mucho algún disco solo tiene que poner el nombre del artista, disco o canción en Google y en menos de un segundo obtendrá infinidad de opciones de donde descargar la música gratis.
Cuando tenía 12 años yo era ese chico. Sólo que a mediados de los 80s, si se me antojaba adquirir música y no pagarla mis opciones eran mas complicadas. O tenía que robarle un casete virgen a mi papá y preguntar en el colegio quién me podía grabar la música que buscaba o tenía que esperar alguna fecha tipo cumpleaños, navidad y/o pasar el año con buenas notas y ligar que me preguntaran qué quería de regalo para pedirlo y confiar en la buena onda del regalador.
Otra opción era la de tener el casete virgen listo en el equipo de sonido, prender la radio y esperar el momento en el que pusieran esa maravillosa canción que quería tener para salir corriendo a presionar el botón de REC y grabarla ya empezada, con la voz del locutor de radio encima y con el final solapándose con el ID de la radio.
Y finalmente la opción menos deseada, la de ir a la tienda y "tomar gratis" la música. Nunca me atreví a eso aunque conocía chicos que sí lo hacían. De haber querido tomar esa opción la cosa hubiese sido mas o menos así. Hubiese tenido que mentirle a mi mamá de que me iba a ver tele a casa de mi vecino e irme caminando hacia la tienda mas cercana que quedaba a unos 30 minutos caminando. Hubiese podido pedir cola (un ride) pero en esa época ya se escuchaba alguno que otro cuento de secuestro así que mejor caminar. Una vez en la tienda el objetivo era un vinilo. Los casetes originales por lo general estaban en una vidriera cerrados con llave. Para tomar el vinilo había que hacerse el pendejo por un buen rato, analizando carátulas y leyendo los créditos de la contraportada del disco mientras que al mismo tiempo había que estar pendiente del encargado de la tienda. Justo en el momento en el que el encargado se descuidaba había que tomar el vinilo rápidamente y metérselo debajo de la camisa y seguir el juego de hacerse el pendejo hasta que en el próximo descuido del encargado pudieras salir de la tienda. Luego había que caminar de vuelta media hora mas a la casa y al entrar decirle a tu mama que el disco que traías te lo había prestado tu vecino. Que trabajón... Si tan solo hubiese existido la posibilidad de adquirir ese disco solo con un "click".
La situación de la industria de hoy no es ni la mejor ni la peor, es lo que hay. Decir que este será el estado de la industria musical de ahora en adelante puede ser tan ilusorio como negarlo. Las disqueras están apenas descifrando la situación pero cada vez actúan mas eficientemente para solventar la perdida de capital que todo esto les ha generado. Ciertamente la piratería digital llegó para quedarse y esta seguirá mutando en esta era digital hacia no sabemos donde pero al mismo tiempo la industria se está organizando mejor y después de no haber visto luz por mas de una década, ya comienza a ver la luz al final del túnel. Después de 12 años de pérdida la industria global crece en el 2012.
Quizás valga la pena recordar aquel momento en el que la invención de la radio casi arruina el negocio discográfico de la época. Una gran corporación discográfica como lo es Warner Music tuvo su primera quiebra gracias a esto. La gente decía "para qué voy a comprar música si comprándome una radio tengo música gratis ilimitada". Nuevamente, una relación que comenzó con el odio terminó convirtiéndose en el amor puro que conocemos al crear la gran relación "disquera-radio" que continúa hasta nuestros días. Digo, cómo para ponerse a pensar ¿no?
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